Corregir un error. Avisar de un desastre. Decirle a alguien que no suba a ese tren. El sueño de enviar mensajes al pasado no es solo ciencia ficción: en este expediente nace de un niño de diez años que perdió a su padre por un ataque al corazón y decidió, con un libro de H.G. Wells bajo el brazo, estudiar física hasta encontrar la grieta. El físico Ronald Mallett —Universidad de Connecticut— sostiene que, con láseres en anillo, el espacio-tiempo puede curvarse lo bastante como para mandar información hacia atrás. Aquí recorremos su historia completa: duelo, secreto universitario, relatividad, prototipo y el rumor del Vaticano.
No es un dossier abstracto: 1955, Pensilvania, corte por láser, agujeros negros, satélites GPS, partículas al 99,9 % de la velocidad de la luz, demostración matemática, Chandra Roy Choudrey y la pregunta incómoda —si algún día funciona, ¿el primer mensaje ya debería estar aquí? En la misma estantería del misterio temporal: la mujer que viajó entre universos paralelos, la hipótesis del zoológico y las profecías de una tercera guerra mundial.
1955: un niño, un padre y La máquina del tiempo
En 1955, con apenas diez años, Ron Mallett perdió a su padre —tenía solo 33 años— por un ataque al corazón. El golpe no se quedó en el duelo: se convirtió en misión. El joven encontró en La máquina del tiempo de H.G. Wells la idea que lo sostendría el resto de su vida: si el tiempo se puede atravesar, entonces se puede impedir esa muerte. No hablaba aún de ecuaciones; hablaba de volver atrás y salvarlo.
Ese es el origen del expediente. Antes de los láseres y de la relatividad hay un niño que se niega a aceptar que el pasado esté cerrado. Y desde ahí empieza a madurar la pregunta que hoy resume el artículo: ¿se pueden enviar mensajes al pasado sin «viajar» con el cuerpo?
¿Cómo se pueden enviar mensajes al pasado?
A medida que Ron creció, la idea de poder viajar en el tiempo se apoderó de él. ¿Cómo lograrlo? El primer paso era claro: estudiar física teórica en la universidad. Sabía que la clave pasaba por los agujeros negros y la relatividad. En sus ratos libres elaboraba teorías en silencio: si revelaba que quería viajar en el tiempo, se burlarían de él amigos y compañeros. Ese miedo le cerró puertas —personas que podrían haber ayudado— pero no apagó el objetivo.
Siguió solo. Se graduó en la Universidad de Pensilvania en 1973. Los dos años siguientes trabajó en la industria del corte por láser hasta conseguir plaza como profesor en la Universidad de Connecticut. Ahí está el giro: el duelo infantil se había convertido en currículum técnico. Ahora tenía láseres… y relatividad.
Los agujeros negros como medio para viajar en el tiempo

El profesor Mallett fusionó lo aprendido en el corte por láser con relatividad y gravedad. Partió de Einstein: el tiempo como cuarta dimensión; espacio y tiempo unidos en el espacio-tiempo. Objetos de gran masa —como los agujeros negros— curvan esa tela. La pregunta del laboratorio suena casi blasfema: ¿se pueden recrear en la Tierra condiciones equivalentes, aunque sea a escala mínima, para torcer el tiempo?
Albert Einstein y la relatividad: el tiempo ya se dobla
Según la relatividad, el tiempo se ve afectado por la velocidad y por la gravedad, aunque no lo percibamos a ojo. Ejemplo cotidiano del expediente: los satélites en órbita, menos influenciados por la gravedad terrestre, descompensan sus relojes y deben calibrarse para dar posición exacta —sin esa corrección, el GPS fallaría.
Otro ejemplo de laboratorio: partículas con vida conocida, aceleradas hasta el 99,9 % de la velocidad de la luz, prolongaron su tiempo de vida unas treinta veces. No «envejecían más despacio» en el sentido poético: viajaban en el tiempo respecto a nosotros. Si eso ocurre con partículas, Mallett se pregunta qué pasa cuando se curva el espacio-tiempo a propósito… con luz.
Mallett demostró matemáticamente que enviar mensajes en el tiempo es posible

Mallett ya conocía las propiedades de los rayos láser. Aplicó la relatividad a esos haces e imaginó una máquina capaz de curvar el espacio-tiempo con luz. Trasladar a una persona exigiría energías enormes; entonces llegó el giro práctico del dossier: quizás no haga falta mover un cuerpo —basta con enviar mensajes al pasado.
Se propuso demostrarlo matemáticamente… y lo consiguió: las luces circulares podrían curvar el espacio-tiempo lo suficiente como para que la información viajara hacia atrás. En el papel, el esquema cierra. En el laboratorio, falta la máquina.
Falta poco para la primera máquina… ¿o el Vaticano ya la tiene?
El profesor —entonces con 71 años— seguía creyendo que la máquina puede hacerse realidad. Ya no cree posible salvar a su padre; aun así recaudaba fondos para construir el dispositivo en un horizonte de unos cinco años. Para el prototipo cuenta con el físico Chandra Roy Choudrey, que diseñó una serie de anillos circulando alrededor de un tubo de vidrio.
Si algún día funciona, el expediente anticipa un mensaje en códigos binarios desde el futuro: avisos de desastres, siempre que se use con responsabilidad. Y aquí entra el rumor que cierra el círculo del misterio: muchos creen que una máquina del tiempo ya existe y que es uno de los secretos mejor guardados del Vaticano. Solo el tiempo dirá si enviar mensajes al pasado —o al futuro— es viable… o si el primer aviso ya debería haber llegado.
Preguntas frecuentes
¿Quién es Ronald Mallett y por qué quiere enviar mensajes al pasado?
Es un físico teórico estadounidense (Universidad de Connecticut). En 1955, a los 10 años, perdió a su padre (33) por un ataque al corazón; inspirado por La máquina del tiempo de H.G. Wells, dedicó su carrera a la idea de intervenir el pasado —hoy centrada en enviar información, no en viajar con el cuerpo.
¿Cómo funcionaría la máquina de tiempo de Mallett?
Propone usar rayos láser en disposición circular para curvar el espacio-tiempo lo bastante como para que un mensaje pueda enviarse hacia el pasado. El prototipo asociado a Chandra Roy Choudrey imagina anillos alrededor de un tubo de vidrio.
¿Qué tiene que ver Einstein y la relatividad con enviar mensajes al pasado?
La relatividad une espacio y tiempo: la gravedad y la velocidad afectan el ritmo del tiempo (GPS, partículas aceleradas). Mallett parte de esa física —y de la curvatura extrema de los agujeros negros— para preguntar si un laboratorio con láseres puede recrear una curvatura útil.
¿Mallett demostró que es posible enviar mensajes en el tiempo?
Según Mallett, sí a nivel matemático: las luces circulares podrían curvar el espacio-tiempo para el envío de información. La construcción física de la máquina y la prueba experimental siguen abiertas; él buscaba financiación para un prototipo.
¿Qué dice el rumor del Vaticano sobre una máquina del tiempo?
Es una creencia popular recogida en el archivo: que una máquina del tiempo existiría y se guardaría como secreto. No es una afirmación científica del propio Mallett; cierra el dossier como pieza de misterio cultural junto a la posibilidad de mensajes binarios desde el futuro.



