En Acámbaro, Guanajuato, un museo guarda lo que muchos llaman una auténtica cápsula del tiempo: miles de figurillas de arcilla, barro, piedra, jade y obsidiana donde aparecen animales extinguidos hace 65 millones de años, homínidos, humanoides extraños y razas humanas distintas… como si alguien hubiera conocido de cerca la evolución de las especies. Las figuras de Acámbaro del Museo Waldemar Julsrud atraen a científicos y curiosos porque, si fueran lo que afirman, reescribirían la historia desde los dinosaurios hasta nosotros. Este expediente sigue el relato del director, el hallazgo de 1944, los datados de 1968–1972 y la pregunta que no cierra: ¿tesoro prohibido o fraude? Mismo archivo: las cabezas de extraterrestres en piedra, el contacto y la paradoja de Fermi, Lupito de Guanajuato y la hipótesis del zoológico.
La historia de las Figuras de Acámbaro contada por los expertos
El señor Daniel Reynaert Leyere, director del museo y miembro fundador de la exhibición, es quien mejor conoce el dossier. Lo cuenta a quien llega: más de 35 mil piezas, todas presentadas como genuinas y sin que alguna se repita. Es, según él, una colección única en el mundo.
La trama empieza en 1923. Entonces Waldemar Julsrud —comerciante alemán avecindado en Guanajuato— y el sacerdote Fray José María Martínez descubrieron el emplazamiento arqueológico de la cultura Chupícuaro, del Preclásico, con una antigüedad de alrededor de mil años antes de Cristo. Ese hallazgo ya habría bastado para un expediente. Pero no se detuvo ahí.
Años después, en 1944, Waldemar tenía 65 años y recorría a caballo sus propiedades con su empleado Odilon Tinajero. En una zanja sobresalía una figura femenina de arcilla. Ordenó el rescate y, en la colina del Toro, abrió el hallazgo más importante de su vida: pagó un peso por cada pieza que le entregaran y reunió más de 65 mil figuras diversas. Esa montaña de barro y piedra es el corazón de las misteriosas figuras de Acámbaro.

Las figuras de Acámbaro: dinosaurios y distintas épocas del mundo
Lo extraño no es solo el volumen de la colección. Las figuras representan razas y culturas del mundo antiguo —caucásico, negroide, oriental, egipcio, mayas— y también seres de frontera: mezclas de anfibios, gigantes y extraterrestres. Junto a ellos aparecen animales, reptiles y aves extinguidos hace 65 millones de años, modelados en arcilla, barro cocido, piedra, jade y obsidiana. Para la arqueología convencional, eso choca con lo que se espera de poblaciones humanas de hace 3000, 4500 o 6000 años antes de Cristo.
La ciencia nacional, dice el relato del museo, no acepta la colección como auténtica. Y sin embargo existen estudios de muestras practicados en 1968 y 1972 en universidades de New Jersey y Pensilvania que situaron la antigüedad de piezas entre 2500 y 4530 años antes de Cristo. Ese intervalo no “prueba” dinosaurios vivos en el México preclásico; sí alimenta la tensión del expediente: datados antiguos, iconografía imposible… y un muro institucional.

La colección de las extrañas Figuras de Acámbaro y sus detractores
De ahí nace la queja del expediente: que las autoridades no apoyen a la colección más misteriosa de Acámbaro. Son figurillas de un pasado oscuro que sobrevivieron en las entrañas de la tierra y que, de reconocerse oficialmente como auténticas, podrían reescribir la historia misma de la creación.
Porque en ellas se mezcla lo que podría ser un trabajo de preservación de razas y especies remotas: materiales rústicos, sí, pero con acabados finísimos y un conocimiento anatómico cuidadoso hasta el detalle. Quien las modeló —si no fue un falsificador moderno— sabía dibujar cuerpos, garras y rostros como quien los tiene delante. El paralelo con otros OOPArt mexicanos, como las cabezas de piedra, no es casual: misma frontera entre museo, mito y ciencia que se niega.
Museo de Waldemar Julsrud y sus misteriosas figuras
El museo Waldemar Julsrud ha llevado exhibiciones a otros países. Allí las piezas causan asombro: hay investigadores que creen que en ese rincón de Guanajuato convivieron, en algún tiempo remoto, las diversas razas y culturas más importantes… antes de dispersarse a sus lugares “preestablecidos”. Suena a mito de origen; suena también a la pregunta abierta del contacto y de quién observa a quién, tan cercana a la hipótesis del zoológico.
Si visitas México, la dirección es la esquina de las calles 5 de Febrero y Javier Mina, en Acámbaro, Guanajuato: el Museo Waldemar Julsrud. Quienes entran describen la sensación de viajar al pasado y de encontrar el eslabón que faltaba para comprender el presente. Básicamente —dice el relato— es una cápsula del tiempo perdida y hallada en México, expuesta hoy como las Figuras de Acámbaro, para imaginar cómo fue la vida de nuestros antepasados humanos y animales. Guanajuato sigue guardando otros ecos: desde Lupito hasta el árbol de cruces cercano en el Bajío.
Las Figuras de Acámbaro ¿son fraude?
Los arqueólogos que las han revisado las etiquetan a menudo como artefactos fuera de lugar (OOPArt) y discuten su veracidad. El debate no es menor: o bien alguien falsificó a escala industrial una mitología en barro, o bien el registro oficial de la prehistoria mexicana tiene un hueco gigantesco. Antes de cerrar el dossier, el vídeo en español que analiza la certeza de estas figuras deja la pregunta abierta.
Preguntas frecuentes
¿Dónde se exhiben las Figuras de Acámbaro?
En el Museo Waldemar Julsrud, en la esquina de las calles 5 de Febrero y Javier Mina, en Acámbaro, Guanajuato (México).
¿Quién descubrió las Figuras de Acámbaro?
En 1944, el comerciante alemán Waldemar Julsrud y su empleado Odilon Tinajero hallaron una figura femenina de arcilla en una zanja de la colina del Toro; a partir de ahí Julsrud reunió decenas de miles de piezas. En 1923, Julsrud y Fray José María Martínez ya habían localizado el yacimiento Chupícuaro.
¿Qué representan las Figuras de Acámbaro?
Razas y culturas antiguas (caucásico, negroide, oriental, egipcio, mayas), humanoides, gigantes, posibles extraterrestres y animales extinguidos hace unos 65 millones de años, en arcilla, barro cocido, piedra, jade y obsidiana.
¿Qué dicen los estudios de datación?
Según el relato del museo, muestras analizadas en 1968 y 1972 en universidades de New Jersey y Pensilvania dieron antigüedades entre 2500 y 4530 a.C. La arqueología institucional mexicana, en cambio, no reconoce la colección como auténtica.
¿Las Figuras de Acámbaro son un fraude?
Es el núcleo del debate: para muchos arqueólogos son OOPArt o piezas modernas; para el museo y sus defensores, una cápsula del tiempo. El expediente deja abierta la tensión entre datados, iconografía imposible y rechazo oficial.
Si te interesó este expediente, compártelo: las misteriosas figuras halladas en México merecen que más gente se asome al museo antes de decidir. Fuente original del relato: Eulogio Soto Mahe.



