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El perturbador experimento de la obediencia

Imagina que una persona te ordene hacer algo indebido, ¿tú seguirías esa orden? La mayoría responderían que no. Si esa otra persona tuviera más autoridad que tú, en cualquier sentido no aceptarías lastimar a otro si te lo ordenaran, pero pareciera que estamos en un error. Mientras la mayoría de gente respondería que no lo haría, el perturbador experimento de la obediencia demostró todo lo contrario.

Este ensayo demostró una visión poderosa y muy perturbadora sobre el poder de la autoridad y de la obediencia. En la década de los 60, en la Universidad de Yale, el psicólogo Stanley Milgram, decidió hacer un experimento. Para poder realizarlo, reclutó a 40 hombres, esto a través de anuncios de los periódicos.

¿En qué consistió el perturbador experimento de la obediencia?

Los hombres por participar iban a recibir una pequeña cantidad de dinero. Cuando tuvo los participantes, los separó a cada uno y les explicó el procedimiento. Ellos iban a tener un generador de descargas con niveles que iban de los 30 voltios hasta los 450, los interruptores estaban etiquetados con los siguientes nombres:

  • Shock ligero
  • Shock moderado
  • Peligro shock severo y así, los últimos 2 interruptores fueron etiquetados simplemente con XXX.

Cada participante tenía que tomar el papel del maestro, el cual tenía que hacer una pregunta a otra persona, quien era llamado estudiante. Cada vez que el estudiante contestaba de manera incorrecta, el maestro, quien era el participante, tenía que dar una descarga eléctrica.

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Experimento de la obediencia
El perturbador experimento de la obediencia se ha convertido en un clásico de la psicología.

Obviamente, la intensidad aumentaba conforme a los errores, es decir, la descarga era más alta entre más se equivocara el alumno. De esta manera, comenzó el experimento y poco a poco, comenzaron a contestar. De pronto, comenzaron a recibir descargas y descargas. Tras esto, los alumnos empezaron de decir que ya no querían participar, que por favor fueran liberados  e incluso, algunos alegaron que estaban enfermos y que las descargas los estaban matando.

Más intensidad

Entre más aumentaban las descargas, los alumnos se enfurecían, golpeaban las paredes y exigían su libertad, Algunos se quedaban en completo silencio y se negaban a responder cualquier pregunta, pero los participantes, que eran los maestros, habían recibido la instrucción de que si los alumnos no querían responder, era igual a que dieran una respuesta incorrecta.

Por eso, también tenían que recibir una descarga. Entre más aumentaba el dolor, la mayoría de maestros, preguntaban al investigador si deberían continuar, tras esto el experimentador siempre respondía: “Las descargas tienen que continuar, es absolutamente esencial que usted continúe, no tiene otra opción, tiene que seguir adelante”.

Al final, el 65% de los maestros, administraban a los alumnos las máximas descargas, sin importar que los alumnos se quejaran de dolor e incluso decían que era tal su sufrimiento, que querían morir.

Al hacer el experimento, los que estaban a prueba eran las personas que tomaban el papel del maestro, a quienes no se les dijo que todo era actuado. Las descargas eléctricas no existían y que los alumnos eran personas que sólo estaban actuando y en ningún momento recibieron descargas.

Grado de obediencia

Aun así, lo que reveló el experimento fue una experiencia muy perturbadora, esto es el grado de obediencia que pueden tener las personas. De 40 participantes, 26 dieron los choques máximos, sin importar el sufrimiento de la otra persona y sólo 14 de ellos se detuvieron, antes de llegar a los niveles más altos.

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Algo que llamó mucho la atención de los investigadores, es que la mayoría de los participantes (maestros), entre más aumentaban las descargas, se sentían más agitados, angustiados e incluso enojados. Esto, por lo que supuestamente les estaban obligando a hacer. Sin embargo, continuaron con las órdenes hasta el final y no se detuvieron, aunque pudieron haberlo hecho.

Al final del experimento, se les explicó a los maestros que todo era un experimento y que los alumnos no habían sufrido nada para poder tranquilizarlos y bajarles la ansiedad y la culpa. Pero, lo que llamó la atención, es que muchos de los participantes no entendían qué era el experimento.

Resultado de la investigación

Según el psicólogo, fueron varios factores los que desencadenaron todo, como:

  • La presión que da la figura de autoridad, es decir, el encargado del experimento, lo cual obligaba a las personas a cumplir las órdenes ya que no se atrevían a decir NO.
  • El estudio fue hecho por Yale, una institución académica muy famosa. Es por eso que los participantes creían que el experimento era seguro, aunque algo dentro de ellos les dijera que no.
  • Los participantes, quienes eran los maestros, estaban seguros que el experimentador era competente y experto. Es por eso que, si les decía que tenían que continuar y hacerlo, ellos confiaban en él.
  • Permitió analizar la soledad, ya que cuando se hace un experimento entre varias personas, la gente tenía más valor y decían que no querían hacerlo. Entre más compañeros haya, los niveles de obediencia disminuyen, pero entre menos compañeros, los niveles de obediencia aumentan.

De esta manera, el perturbador experimento de la obediencia se ha convertido en un clásico de la psicología, demostrando los peligros de la obediencia,  llegando a grado tal, que, si una persona que tenga más autoridad, le pide a otra con menos autoridad, lastimas a un tercero. La persona, aunque no quiera, termina haciéndolo.

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Sin duda, es compleja la mente del ser humano y aunque pensemos que no hay beses, sacamos lo más oscuro. Y es que llegamos a hacer actos realmente terribles, simplemente porque otros te lo ordenaron, perturbador, pero cierto.

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