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En los años 60, La Gaza tenía control absoluto sobre Santo Tomás, la cual pertenecía a las Islas Vírgenes en el Caribe, regentadas por Estados Unidos. En esa época y en plena Guerra Fría, la NASA recibía fondos del Gobierno, pero aún así, no se explica cómo fue aprobado todo lo vinculado con la perturbadora historia de Margaret y el delfín que amó.

El delfín que amó: la historia detrás de un extraño experimento

La agencia estadounidense dio luz verde a un proyecto que consistía en querer enseñarle a hablar a un delfín. La inteligencia de estos animales es tal, que a los expertos se les ocurrió que el intelecto les bastaba y sobraba para aprender y racionalizar no unas cuantas palabras, sino buena parte del vocabulario anglo parlante.

La NASA tenía un gran laboratorio sobre la isla y en este complejo tenían, 3 delfines, Pamela, Sifi y Pheter el único macho y el más joven de los cetáceos. Sobre este último se basa esta historia.

Peter fue asignado a una voluntaria llamada Margaret Howard Lovath. La razón por la que eligieron a Peter para el proyecto, es que él demostraba un interés inusual en ella y se le separó de los demás, se les puso a vivir juntos en un complejo especial en el que a Margaret le llegaba el agua hasta la cintura.

El tiempo pasaba y mientras que la NASA realizaba estas pruebas Margaret y Peter se hicieron grandes amigos y jugaban todo el día. El problema es que el delfín no tardó mucho en comportarse de manera extraña, se la pasaba viendo a Margaret cuando esta estaba fuera del agua y cuando ella se ponía el traje de baño, el delfín no paraba de mirarle las piernas. Al parecer, Peter se enamoró perdidamente de la humana.

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El delfín que amo
Las prácticas con delfines eran frecuentes para comprobar su inteligencia.

Comportamiento inusual

Cuando Peter alcanzó la edad de madurez sexual, pretendía tener relaciones sexuales con ella. Como esto no sucedía, llegó un punto en que el delfín se frustraba, tanto que atacaba a Margaret dándole golpes con el morro, lo que le provocaba a ella moretones en las piernas.

Los científicos decidieron sacar a Peter del complejo y llevarlo a que intimara con hembras de su especie. Este lo hizo, pero él seguía enamorado de Margaret. Cuando decidieron juntarlos de nuevo, aún no tan agresivo, el delfín seguía intentando cortejar a la humana.

Peter estaba tan enamorado de Margaret, que aquello significaba un problema inmenso para los investigadores, ya que el animal no colaboraba con los experimentos y test.

Órdenes perturbadoras

Margaret recibió la orden de hacer lo que tuviera que hacer. Un día en que Peter se puso panza arriba frente a ella, esta aprovechó la oportunidad de masturbar al delfín. Aquellas prácticas se hicieron cada vez más frecuentes, pero fue para bien porque todo cambió.

El delfín prestaba cada vez más atención a las clases y colaboraba en los experimentos, pero el propósito final del mismo, que era lograr que se comunicara con el leguaje humano, seguía sin dar frutos. La desesperación de los científicos fue tal, que llegaron al punto de drogar al delfín a ver si tenían alguna respuesta positiva. Lamentablemente no acertaron.

Cuando finalmente la NASA canceló el experimento, tras calificarlo de fracaso, separaron a Margaret de Peter. Lo pusieron a él con los otros delfines y le impidieron a ella visitarlo, esto fue fatal. Peter se volvió miserable, estaba deprimido y devastado. Y lo peor, intentaba comunicar a su modo a los científicos que extrañaba a Margaret y por favor pedía que la trajeran de vuelta, pero ellos no lo hicieron.

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Peter acabó por suicidarse. El animal aguantó la respiración hasta morirse. Con el paso de los años, el experimento fue desclasificado y tiempo después, Margaret cuenta la perturbadora historia del delfín que amó, uno de los experimentos más extraños y crueles realizados en el siglo XX.

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